FUNDAMENTOS PARA LA FAMILIA 21 – Samuel y Cari Clark

Cuando Los Hijos Ya Son Adultos

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Queridos amigos casados:

Uno de los asuntos de alta tensión familiar en el mundo moderno es cómo relacionarnos postiviamente con los hijos adultos. Esto se debe a muchos factores: la actitud rebelde de la juventud, sus choques constantes con los principios moralistas de los padres, el cambio radical del concepto de autoridad (civil, familiar, etc.) y la pobreza de la comunión hogareña, exhibida hoy en día por la mayoría de los hogares (cristianos y no-cristianos), para nombrar unos pocos. La filosofía predominante de esta época se llama “Pos Modernismo”, o sea, ya no se cree en un mundo lógico y razonable. La educación formal e informal (cine, libros, revistas, T.V., amigos) enseñan principios nuevos que, entre sus peores, se encuentra la idea de que no hay “una verdad” sino que “todo es verdad”, tu verdad y mi verdad. Así que no hay normas ni mandamientos sino sólo “costumbres”, lo que tú haces y lo que yo hago o lo que ellos hacen.

Es tiempo de que los padres se den cuenta que este es lo que están enfrentando, o lo que enfrentarán, sus hijos. Si tienes hijos adultos tienes que creer que ellos ya no piensan como tú piensas. Ni podrás forzarles a creer como tú ni vivir como tú vives. La distancia filosófica entre tú generación y la presente es enorme. Tú puedes ver una película con estas ideas y razonar perfectamente, basándote en tus principios, para no vivir como dicta o insinúa esa película. Sus hijos adultos jóvenes no pueden. Creen que esas costumbres, que a ti te parecen absurdas o amorales, son normales y tan verdaderas como las tuyas.

Vamos a establecer una definición para la palabra “adulto”. La definición civil y cultural es tener 18 años. Los de 16 años están tratando de bajarla a su edad para poder manejar sin un adulto como copiloto, comprar cerveza, votar, etc. La vieja definición bíblica de los judíos fue de 30 años. Tenemos que vivir con la definición cultural en muchas cosas porque es la ley del país y los jóvenes bien la saben. Tratarlos como menores cuando tienen sus años legales se considera como un insulto, una infracción contra sus derechos.

Cuando los padres cristianos han ganado a sus hijos para servir a Cristo, puede existir una buena relación entre ellos como amigos y hermanos por medio de Cristo el Señor. Esta relación de discipulado durante muchos años debería ayudar tanto al padre o la madre como al hijo o la hija para resolver sus diferencias de opiniones amablemente bajo el señorío de Cristo y Su Palabra. Digo “debería”, porque tengo que confesar que muchas veces no fue nada fácil para nosotros y nuestros hijos adultos.

Para algunos de mis amigos, tales consejos les parecen poco útiles porque sus hijos son pequeños. Permítanme decirles algo: los años pasan rapidísimo. Se evapora el tiempo de mayor influencia cuando los hijos son moldeables. Pronto tendrán unos jóvenes más altos y fuertes que Uds. y unas señoritas guapísimas que estarán viviendo en un mundo cada vez peor. ¡Pasen tiempo con sus familias ahora! Tiempo óptimo, no pedacitos de una semana llenísima de actividades fuera de casa. Acompañen a sus hijos en algunas de sus actividades. Aparten una noche (mínimo) de la semana para estar juntos como familia y hacer algo que a ellos les gusta: comer algo especial, jugar a algún juego favorito, ir juntos a algún lado. El peor enemigo de esta intimidad con sus hijos es la T.V. Si no me creen, dentro de unos años se darán cuenta del tiempo perdido en ver programas que son negativos en su impacto en la vida familiar.

Para otros de mis amigos, esto llega en el momento crítico cuando sus hijos están en la preparatoria o en los primeros años de la universidad. Si no antes, ahora sí sienten los choques entre las generaciones. Si han perdido los años de su niñez y juventud, van a tener que hacer unos cambios grandes para establecer una mejor relación, y pronto. Créanme que no pueden hacerlos dogmáticamente, como un dictador que de repente anuncia: Ahora vamos a ser amigos. Asistan a sus partidos. Reciban a sus amigos en casa. Y ¡hablen! Las mujeres suelen ser las mejores para iniciar conversaciones pero los hombres somos buenos para resumir y razonar sobre lo que se discute. No sean dogmáticos. Déjenles hablar y sentir que han sido escuchados. Más importante es la amistad familiar que tratan de formar que ganar algún argumento. Así se gana el oído de sus hijos para aquellos días cuando encuentren problemas en sus vidas y necesitan consejos, no sermones.

Quiero dirigir unas palabras a los que son no sólo padres de hijos adultos sino abuelos, padres viejos con hijos llegando a la edad mediana. Allí estamos algunos de nosotros. Los hijos seguirán teniendo problemas toda la vida: necesitamos resistir fuertemente ese deseo de arreglarlo todo con “órdenes” fuertes. Eso no es nuestro derecho sólo por ser sus padres. Ahora es tiempo de ser los mejores amigos que tienen. Los que más les apoyan, los que aconsejan humildemente, los que aman no importa lo que hagan. Creo que somos amigos de los nuestros, aún cuando no estemos de acuerdo en ciertas cosas. Porque somos buenos amigos, tenemos muchas oportunidades para opinar o comentar sobre situaciones de sus vidas, y ellos hacen lo mismo para con nosotros. Más bien lentamente se están cambiando los roles; en nuestra vejez ellos nos aconsejan y les escuchamos.

Lo que estoy decribiendo es un modelo bíblico que veo en todos los grandes y buenos padres. Aun los padres espirituales muestran esto. Nuestros hijos adultos son responsables por sus propias decisiones y acciones. No podemos ordenarles como si fuesen niños que no saben lo que deberían hacer. La actitud de dureza nunca gana al hijo adulto porque se siente responsible por su vida. No quiere que sus padres sean responsables por él, como si fuese un niñito. Hay que respetar la responsabilidad individual de cada hijo y ayudarle a cumplira sin tratar de forzarles al molde nuestro.

Recuerden, padres, cómo se sentían con sus padres. Dense cuenta que esta generación es muchísimo diferente. No debemos tratarlos como nos trataron nuestros padres. Tenemos que ganar la autoridad por la amistad y no demandar la obediencia sólo porque somos sus padres.

“Hijos, obedeced a vuestros padres, que es el primer mandamiento con promesa…” Ef. 6:3,4. ¿Es sólo cuando son niños o adolescentes? En esos años les enseñamos la obediencia para que en los años después no tengamos que exigir la obediencia como si fuesen pequeños. Pero en la historia de la vida del sacerdote Elí, Dios le regañó porque no corregía con fuerza a sus hijos adultos que causaban blasfemia al nombre de Dios. Lean I Samuel 2:12-36 y 3:11-14 para ver cómo piensa Dios de los que no reprenden a hijos rebeldes. Los padres tenemos que ganar esa obediencia con un trato amable y amistoso. Si no existe, los hijos van a ser rebeldes, pero ¿de quién es la culpa? Toda relación de un cristiano con otros debe ser en base al amor (I Cor. 6:14). Es necesario ser muy amorosos para con los hijos adultos para su propio bien y el nuestro. Que Dios nos ayude en esta tarea continua de ser buenos padres.

Abrazos, Samuel


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