FUNDAMENTOS PARA LA FAMILIA 80 – Samuel y Cari Clark

El Fundamento de la Unidad Familiar

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Queridos hermanos y amigos,

Hay amigos que no son hermanos y hermanos que no son amigos. Creo que es fácil usar estas palabras sin darles el sentido bíblico que deben tener para los que estamos en Cristo. Nuestra cultura cristiana nos enseña a usarlas como sinónimos de “cristiano”, pero en la realidad del diario vivir muchas veces no actuamos ni como amigos, ni como hermanos, ¿ni como cristianos?

Vamos definiendo las palabras para ver si las entendemos y si las usamos bien. Voy a usar definiciones bíblicas para aclarar lo que quiero señalar como el Fundamento de la Unidad Familiar.

Primero, vamos con la palabra amigo. ¿Qué debe ser un amigo en el contexto cristiano? Abraham fue llamado un amigo de Dios tres veces en la Biblia (II Crón. 20:7; Is. 41:8 y Stgo. 2:23). Pero en ninguno de estos pasajes nos explica porqué Dios le llamó Su amigo, a menos que sea por la sencilla razón de creer Sus promesas y actuar sobre ellas en obediencia. No fue porque era perfecto, pues varias veces se metió en problemas por errores del tipo muy humano. Pero, sí, obedeció … y al punto de ofrecer a su hijo Isaac, como Dios le ordenó, para ser un holocausto quemado … hasta que Dios le mandó parar su acto de obediencia. Creo que esta clase de obediencia es la que Jesús quería enseñarnos cuando dijo: “Vosotros sois Mis amigos si hacéis lo que Yo os mando” (Juan 15:14).

Entonces, la definición correcta de “amigo cristiano” debería ser que los que le obedecemos somos Sus amigos, y por ende debemos ser amigos los unos de los otros. Esta amistad no es de una “química personal”, ni porque pertenecemos al mismo grupo, sino porque estamos comprometidos con Dios para obedecerle.

¿No es esta unidad la que debemos buscar en nuestra familia? Yo he observado que en las familias más unidas en las cosas del Señor hay una verdadera amistad que les hace disfrutar mucho de sus actividades familiares. Lo que destruye esa familiaridad es el egoísmo que se manifiesta en alguno o algunos miembros que no están obedeciendo al Señor. El nos manda amarnos con el amor AGAPE que no es egoísta sino servicial y amigable.

La segunda palabra que debemos definir es hermano. Según la Biblia, todos los que han recibido a Jesús como su Salvador y Señor han sido dados el poder, la autoridad, el privilegio de llamarse hijos de Dios (Juan 1:12). Han nacido de nuevo (Juan 3:3-8). Cada hijo de Dios es un hermano en la familia de Dios por la fe en Cristo, nuestro Hermano Mayor (Rom. 8:30). No podemos escoger a nuestros padres, hijos ni hermanos porque son hechos por Dios. Nos debemos aceptar como hermanos, hijos del mismo Padre Celestial. No podemos rechazar a ninguno en cuyo corazón vive el mismo Espíritu de Jesús (Rom. 8:15-17). ¡Nuestra hermandad demanda unidad! No es una organización sino un organismo, o sea, somos una familia espiritual de un solo Dios Padre y Cristo Jesús, Su Hijo primogénito. Su gran familia incluye a los santos del Antiguo Testamento como los del Nuevo Testamento. Todos son nuestros hermanos.

Alguien ha dicho que “el escándalo del Evangelio es la falta de unidad en la familia de Dios”. Nos gusta llamarnos por cualquier nombre menos sencillamente “un hijo de Dios”. Hermanos espirituales son todos los que tienen al mismo Padre. Yo llamo hermano a los que creen en Jesucristo para su justificación, su salvación, su derecho a ir al Cielo a la casa del Padre (I Juan 3:1,2 con Juan 14:1-3).

Ahora bien, una famiia que tiene esta unidad espiritual para reflejar en su unidad carnal es doblemente bendecida. Cuando nos vemos a todos como una familia en Cristo, es mucho más fácil vernos como hermanos en la carne. Este es el anhelo y la oración de los padres cristianos por sus hijos, y si son fieles en la enseñanza del Evangelio de Cristo, es muy común que ellos crean en Cristo y formen parte de esa familia de Dios. Cuando no sucede así, es triste. Los padres debemos sembrar bien la semilla del Evangelio en palabras y en hechos para que los hijos lleguen a creer.

La última palabra es cristiano. La Biblia sólo usa esta palabra en tres versículos (Hechos 11:26; 26:28; I Pedro 4:16). En el principio las palabras “los santos, los hermanos, los discípulos” definían a los que seguían las enseñanzas de Jesucristo. La primera referencia dice que “a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquia”. ¿Por qué fueron llamados así? Una razón es que esas personas hablaban de Cristo a todos. Creían en El y querían anunciarlo a sus familiares, amigos, vecinos y conciudadanos. La segunda razón que podemos deducir es que sus vidas ya eran diferentes y la gente les veía como un pueblo, una familia de fe.

Hoy en día la palabra “cristiano” quiere decir cosas diferentes a muchas personas: una secta, un miembro de cierta iglesia, o una persona muy santa. Volviendo a la definición, “los discípulos (de Jesucristo) fueron llamados cristianos…” vemos que el concepto del discipulado era la base de esta definición antigua. Ahora tenemos la idea de cristianizar primero y luego discipular. No era el patrón de la iglesia primitiva. Hoy los hijos son bautizados y educados cristianamente. Todo el mundo se considera “cristiano” por nacer en un país cristiano o en una familia cristiana. La definición de la palabra ha sufrido un cambio total. En aquel tiempo la palabra cristiano era un apodo que se ganaba por cierto estilo de vida que seguía las enseñanzas de Cristo.

Si así lo entendemos, la unidad familiar va a ser una realidad solamente si tenemos no sólo creencias sino nuestro estilo de vida en común. Por esto podemos ser llamado una familia cristiana compuesta de cristianos verdaderos.

Déjenme insistir un poco en el hecho del poder del ejemplo de los padres (y los hermanos). El discipulado es algo contagioso solamente si su familia tiene una buena “infección” del Evangelio en su vida diaria. Más se enseña con el ejemplo que con las palabras. Viendo atrás en nuestra familia, puedo ver muchos errores que cometimos pero lo que ha pegado bien en nuestros hijos son las cosas que hicimos en obediencia a Cristo.

Si queremos tener una familia unida tenemos que buscarla en Cristo, no solamente en lo humano. Esta unidad es espiritual, eterna y divina, por la pura gracia de Dios. A veces fallamos por tratar de producir esta unidad por “la Ley”, por la fuerza de personalidades o por actividades que creemos que van a crearla .. en vez de por el Espíritu de Dios.

Tenemos que buscar la unidad familiar en las realidades espirituales que la Biblia enseña que están “en Cristo”. Es una gloriosa esperanza si en verdad estamos dispuestos a vivir en El y confiar sólo en El. Y quiero asegurarles que El vive en nosotros para realizar esta esperanza (Col. 1:27). Sólo así podemos lograr que Su Nombre sea santificado en nuestra familia ante el mundo que espera ver ciertas cualidades en nosotros por llamarnos cristianos.

Abrazos, Samuel


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