FUNDAMENTOS PARA LA FAMILIA 9 – Samuel y Cari Clark

La Crianza de los Hijos 2

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Queridos amigos casados:

Tal vez algunos no tienen hijos todavía pero probablemente los vayan a tener algún día. Aunque hay bastantes parejas sin hijos hoy día, entre cristianos es raro. Casi siempre es por alguna razón fuera de su control. Espero que no sea por egoísmo, comodismo o temor. La única bendición mayor para el cristiano que tener hijos es la de tener un cónyuge cristiano y comprometido en esta vida tan rica.

Según Génesis 1:26-28, entiendo que el plan de Dios era que todos los matrimonios tuviesen hijos y que dominaran al mundo. Entiendo que estas dos verdades incluyen tener a todos los hijos que queremos y cuándo los queremos. Hay varios métodos para este control de la natalidad que no implican la muerte de un óvulo fecundado. Dios en Su bondad nos ha dado la inteligencia y la ciencia para el dominio de muchas cosas de la naturaleza, pero a veces el hombre falla y en esos casos necesita ajustar su voluntad a la voluntad de Dios. Esto es tanto para tener como no tener hijos.

Menciono todo esto porque hemos visto que algunos se frustran porque para ellos no sirven los mejores esfuerzos y conocimientos de los hombres, y no logran tener a un bebé o tienen a un hijo no planeado. Estos casos necesitan una fuerte convicción en la soberanía de Dios. El es todopoderoso pero también es infinitamente sabio. El sabe lo que no sabemos. “Demandar” o “confesar”, como algunos enseñan para lograr lo que queremos, no es fe sino presunción. Se presume que se sabe lo que es mejor. O, qué bueno es descansar en la soberanía de Dios cuando nuestros deseos y planes no salen como queremos.

Esta clase de fe nos permite recibir o no recibir lo que pedimos y estar contentos, aun gozosos. También hace que cada hijo que viniera sea bienvenido y bien amado. Realmente, cada bebé es especial porque Dios está involucrado en su formación desde los primeros segundos de la fecundación. Si no es así, ¿cómo podría decir a Abram, un año antes, que iba a tener un hijo varón por su esposa Sarai? ¿Cómo pudo decir a Zacarías cómo llamar a su hijo varón antes de que él y Elizabet tuvieran la oportunidad de buscar al niño por la fe? Yo creo que Salmo 139:13,16 indican esto “Porque tú formaste mis entrañas: me hiciste en el seno de mi madre…Tus ojos vieron mi embrión, y en tu libro se escribieron todos los días que me fueron dados, cuando no existía ni uno solo de ellos.”

Cada niño es tan particular que no hay otro igual en toda la historia de la humanidad. Cada código de genes es distinto. Pueden ser gemelos “idénticos” o hermanos parecidos pero no son iguales. Por esto debemos amar intensamente a los niños que Dios nos da. El Señor no se equivoca en Sus combinaciones. Por esto estamos incondicionalmente en contra del aborto, sea minutos después de la fecundación o semanas después cuando es todavía embrión. Ese bebé es un ser muy especial y merece amor, no la destrucción de su potencial para glorificar a Dios. La Madre Teresa gritó: “Denme sus bebés no queridos. No los maten. Yo los amaré.” Ojalá que los padres naturales tuviesen tanto amor y aceptación como esa piadosa mujer.

Dicho esto, tenemos que dar un paso más y considerar los casos de bebés anormales. La misma ciencia nos permite hacer muchas pruebas del feto durante la gestación para averiguar si va a ser “normal” o “anormal”. Esta técnica moderna ha sido para bendición como para maldición. Ha permitido a algunas parejas tomar la decisión de seguir con embarazos difíciles y por su propia decisión dejar nacer a bebés que no están completos física o mentalmente. Pero ha puesto en las manos de los que no quieren tener un bebé anormal el poder de terminar con esa vida. Por eso es para el bien y el mal. La ciencia es amoral. Las elecciones nuestras o son morales o inmorales, buenas o malas.

Conocemos a parejas que han tenido bebés anormales y han sido bendecidos enormemente por aquellas vidas encomendadas a su cuidado. La soberanía de Dios no es solamente el tener o no tener hijos sino qué clase de hijos vamos a tener. El que no escoge en estos casos descansar en la soberanía de Dios nunca conocerá las bendiciones que Dios derrama sobre los que cuidan a Sus criaturas especiales.

Nunca nos tocó esa bendición pero cuando el primogénito de tres años fue atropellado nos enfrentamos a la posibilidad de tener a un hijo anormal por daños cerebrales. En nuestro caso salió bien pero otros papás han tenido cosas parecidas o enfermedades que dañaron a sus hijos para siempre. La sumisión a la soberanía de Dios es lo que sostiene a un padre y una madre cuando ven destruidos los sueños que tenía para el futuro de su hijo o hija.

Yo no puedo explicar la soberanía de Dios ni para que yo mismo pueda entenderla. Pero ha sido mi fuerte sostén en horas de oración por mis hijos en sus accidentes y aun sus malas decisiones. Estoy convencido de que el Todopoderoso Padre que es tan sabio, sabe mucho mejor que yo lo que yo necesito, lo que nuestra familia necesita y lo que cada miembro de la familia necesita.  Si El nos creó y formó para Su gloria, es Su decisión cómo ha de ser glorificado por cada uno de Sus criaturas.

O, sí, podemos orar por el desarrollo de los bebés. Podemos orar por un nacimiento normal y buenos servicios médicos. Podemos orar por la salud y la protección de nuestros hijos. Pero lo que no debemos hacer es renegar y rechazar lo que Dios hace o permite. Sí, podemos llorar por lo que nos entristece pero necesitamos aceptarlo todo como de la mano de Dios para bien.

Los que hemos tenido a nuestros hijos y vamos ya con los nietos sabemos cuán frágil es la vida humana. Tan fácil es dañarla en alguna forma. También sabemos cuán tenaces son aquellas criaturas. Aunque la muerte es una realidad que enfrentamos toda la vida, es maravilloso ver cómo el niño sobrevive tantos golpes y enfermedades y llega a ser padre o madre y luego abuelo o abuela. Dios tiene un maravilloso plan para tu vida, amigo/amiga. Si tú le dejas, lo llevará a cabo en ti, en tus hijos y hasta en tus nietos o bisnietos.

Por favor, recuerda esto cuando Dios te da hijos y cuando estás luchando para criarlos bien. Es una tarea tan especial que necesitas la ayuda de Dios para lograrla. Anda en el Espíritu de Dios, no en la carne humana. Dios está dispuesto a ayudarte, a ser tu fuerza, tu sabiduría, si tú le buscas cada día para creer en El y agradarle. Ser padres de una familia es una preciosa oportunidad de colaborar con Dios en el cumplimiento de Su voluntad.


Para familias que glorifican a Dios,
Samuel


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