Recursos Gratuitos para el Discipulado: Seguimiento y Capacitación

las adicciones - Samuel Clark

Queridos amigos del Camino:

Quiero saludarles y compartir con Uds. una inquietud que he tenido. Es el asunto del peligro de las adicciones. Vivimos en un mundo orquestrado por un príncipe usurpador maligno que quiere controlarnos por adicciones. Una adicción es cualquier cosa que me atrae tanto que pienso que no quiero o no puedo vivir sin ella. Puede ser la Coca Cola, el chocolate o cualquier comida/bebida. Puede ser la velocidad, el peligro, el riesgo en el coche o en los negocios. Puede ser el enojo, la rabia, el odio. Puede ser la televisión, la música, las novelas o cualquier diversión. Puede ser el alcohol en las bebidas o una droga estimulante (hasta de “receta”) o el tabaco. Puede ser el sexo pervertido de su propósito, uso y marco correcto -fornicación, prostitución, adulterio, homosexualismo, pedofilia, sodomía, masturbación, etc. Una adicción es cualquier cosa que antes de hacerla o tomarla nos parece necesaria y deseable y cuando la estamos haciendo o tomando nos parece lo máximo. Pero al terminar nos deja vacíos y hambrientos. Las adicciones son ídolos modernos. Prometen pero no satisfacen. Parecen ser reales pero son falsas.

De todas las adicciones posibles, las drogas, el alcoholismo y el sexo pervertido tienen también otra característica distinta: no sólo hacen daño al que la tiene sino a otros también. De éstas hay una que hace más daño que todas las demás a los que nos rodean y aman, porque hace su daño en el seno de la familia de un hombre o de una mujer casado/a. Cualquier adicción sexual hace daño en una forma catastrófica como las ondas destructivas que emanan del epicentro tel úrico.

Muchos obreros han caído en esta adicción y han perdido su ministerio efectivo por años. A veces han perdido a su cónyuge y familia. Han perdido amigos y relaciones preciosas. Todo por una adicción al sexo pervertido. Es un horrible precio que pagan por unos segundos o minutitos de “placer carnal”. Y la culpabilidad, la vergüenza, la pérdida del auto-estima – todo esto se siente en el alma a cada momento.

Quiero hablarles de la adicción a la pornografía, que es un virus maligno de nuestros tiempos. Cualquier kiosko de periódicos y revistas ofrece imágenes para la fantasía adictiva sexual. Películas y novelas de la T.V. ofrecen lo mismo. Videos o cines “para adultos” están a la disposición. Y ahora está en el Internet, en la casa u oficina. Pero las más adictivas de todas son las que “en vivo” se desnudan y bailan o hacen toda clase de movimientos eróticos a escasos centímetros de la nariz de uno – un pasito no más del acto sexual. Por ese “pasito” algunos se engañan y creen que “no cometen el pecado de adulterio”. Se engañan, creyendo que pueden ser mejores compañeros sexuales en su matrimonio por estos estímulos. Pero destruye la relación sexual correcta de Hebreos 13:4 porque crea un sexo de fantas ía rival en la cual su cónyuge no tiene parte.

Por ser “secreto”, esta clase de adicción sexual es más peligrosa y puede atrapar a uno por años sin que otros lo sospechen. Incluso uno puede continuar con un “ministerio público” mientras la practica. Pero casi siempre se degenera en drogas, alcoholismo, adulterio o fornicación. Conozco a un hombre que gastó $75,000 (US) en un año por una adicción a los salones de masaje. Otros han caído aún más bajo en la fosa satánica. Es un peligro grande. Es pecado y conduce a la ruina espiritual.

Un líder cristiano se encontraba atrapado por la adicción de la pornografía “en vivo” pero todavía no “cometía adulterio”. Así que siguió metiéndose más y más profundamente en un ciclo vicioso de pasar unos días “libre” y luego una “caída” seguida por ataques de depresión y “arrepentimiento” y mucha oración para que Dios le quitara esa adicción. Por años fue su experiencia. Extrañamente aumentaron las oportunidades de ministrar la Palabra en cursillos muy populares. Nadie lo sospechaba. Ni su esposa.

Hasta que un día, antes de dictar un cursillo, estaba tan miserable que se abrió completamente a un viejo ministro de la Palabra quien era su mentor. Aquel hombre empezó a llorar. Luego le confesó que él también hacía lo mismo y aun peor. Desde aquel día el primero empezó a buscar ayuda y fue librado, pero el segundo nunca la buscó y terminó totalmente arruinado.

¿Casos raros? No sé. Sólo quería abrir este tema con mis amigos para que no haya nada de esto entre nosotros. Si hay alguno con este problema u otra adicción, que no se quede escondido. Busca, amigo, la victoria en Cristo. Toma la decisión de salir de las garras de Satanás donde estás atrapado. ¿Cómo?

1. Confiésalo a alguien de tu confianza que te puede ayudar. Puede ser un consejero o un amigo fiel, pero no lo escondas más. Va a salir un d ía de alguna forma. Mejor ahora, antes de la ruina.

2. Aprende a satisfacer todos tus deseos y necesidades inmediatamente en tu Señor. Estamos completos en El (Col. 2:10) y no necesitamos nada fuera de El y Su voluntad para nuestra vida. En vez de orar a El pidiéndole que te quite el deseo (casi siempre después de caer en él), pídele que te fortalezca en tu persona interior por Su Espíritu y que te llene de toda la plenitud de Dios (Ef. 3:16-19; 5:18) para satisfacer en El todos los deseos. Ninguno cae en pecado mientras permanece en Cristo (I Juan 3:6; Juan 15:5). El Espíritu crucifica las obras de la carne cuando andamos en El (Rom. 8:2-13).

3. Vive cada día de la gracia y la misericordia de Dios, sabiendo que eres un “adicto” y que sólo por Su poder, momento a momento, puedes vencer. Un día de victoria, ni una semana, ni un mes es garantía de una liberación completa. Pero sí hay gracia para los débiles (II Cor. 12:7-10). Confiesa que eres débil y acepta Su poder para ser fuerte. Así El recibe toda la gloria.

No me considero perfecto y limpio sino un amigo que ha luchado con adicciones de varias clases y ha encontrado que la respuesta es Cristo en mí, la Esperanza de Gloria. Si necesitas de mi ayuda, estoy a tus órdenes.

“Por tanto, el que cree que está firme, tenga cuidado,
no sea que caiga. ” I Cor. 10:12

Abrazos. Samuel